"El origen de toda violencia es pretender introducir al hombre en un concepto donde no cabe", escribí en 1993.
Diecisiete años después, no he hecho otra cosa que acumular pruebas de hasta qué punto esto es cierto.
Seguramente hay hombres que se encuentran cómodos en la definición de sí mismos que el mundo les ofrece: algo así como amebas, pero con un desarrollo cuantitativo más complejo. Otros hombres nos morimos sólo con intentar asumir esa violencia. No saber qué somos no comporta aceptar que somos lo que sabemos que es mentira.
Sería un error esperar que el mundo nos revelase algo. El descubrimiento es nuestra tarea. El mundo no es culpable de lo que vende; nosotros somos responsables de lo que compramos.
La última etapa de la investigación con la Exploración de Consciencia nos está llevando a territorios insospechados. Al mismo tiempo, jamás estuvimos tan cerca de nosotros. No resulta nada fácil redactar el nuevo texto ('TRANSFORMACIÓN. De la mente a la Consciencia') porque cada línea que hoy se escribe mañana ya ha quedado obsoleta. Tal vez la transformación esté mucho más allá de cualquier teoría y de posibles instrucciones. La transformación es un proceso vivo, que se renueva y que se redefine constantemente.
El año pasado cayó en mis manos un libro de un médico americano, el Dr. Eric Pearl, por cuyo aspecto y referencias yo jamás me habría interesado. Tras un año de investigación con su trabajo, debo decir que aunque no comparto algunas de sus hipótesis explicativas, valoro enormemente las aportaciones experienciales. Tanto que, superando los miedos a ser agredido, he tomado la decisión de publicar un libro sobre esta investigación personal acerca de eso que él llama 'La Reconexión'. Se trata, al mismo tiempo, de un diario íntimo. No me ha parecido honesto separar ambos aspectos, ya que en la realidad se han ido dando inseparablemente unidos. En nuestra nueva web (www.terapiareconectiva.com) tienes información sobre el mismo.
Seguimos explorando. Seguimos descubriendo. A veces parece que tropezamos, pero la experiencia nos ha enseñado que el sufrimiento se cura despertando. Seguimos despertando...
Un mundo nuevo está emergiendo. Estamos realizando el tránsito de la mente a la Consciencia. La mente es todo aquello que aprendimos; la Consciencia es lo que somos.
martes, 30 de marzo de 2010
lunes, 15 de febrero de 2010
La importancia del sufrimiento
Como comprobarás cuando explores, el sufrimiento esconde siempre una mentira (inconsciencia). No sufres por aquello que crees que sufres; sufres por algo que permanece inconsciente, y que además es mentira. También verás que es esa mentira la que ha ocupado hasta ahora el lugar de la verdad. Es decir, que desenmascarando el sufrimiento llegas a encontrar la verdad, toda la verdad que puedes asimilar en ese momento. Por lo tanto, comenzarás a ver el sufrimiento no como una condena, sino como un aliado perfecto: cada vez que experimentes el menor alejamiento de la serenidad, es porque tu verdad está preparada para ser ampliada, es porque tú ya estás preparado para ser más verdadero. Comprobarás una y otra vez que la violencia del sufrimiento es proporcional a la dimensión de la mentira (inconsciencia) que esconde y, al mismo tiempo, un anuncio de la magnitud de la verdad que puedes descubrir tras ella. Todas las razones que crees que tienes para sufrir son posibilidades para ampliar tu consciencia. No te imaginas hasta dónde. Sólo tienes que explorarlas. La vida no es causa del sufrimiento. Todo sufrimiento procede de la mentira, de la inconsciencia. El dolor nos lo provocamos nosotros mismos. Persiste mientras creemos las mentiras, mientras permanecemos en la inconsciencia.
Se atribuye a Buda el aforismo que dice: “El dolor es necesario; el sufrimiento es opcional”. Parece distinguir entre el dolor (físico) y el sufrimiento (emocional). El primero sería inevitable, pero no así el segundo. Seguramente, Buda jamás dijo eso: la EC demuestra que el dolor también es ‘opcional’. A Jesús se le atribuye la frase “La verdad os hará libres” (Juan 8, 32). Eso sí que lo demuestra al pie de la letra la Exploración de Consciencia.
Tenemos miedo porque permanecemos inconscientes, y a veces permanecemos inconscientes porque tenemos miedo de hacernos conscientes. Rompe la cadena cuando quieras. Es posible que descubras que siempre has jugado a creer, en el fondo más profundo, que no vales nada. ¿Qué ocurriría si dejases de jugar y descubrieses que eres imprescindible?
¿Estás seguro de que el mundo seguiría existiendo si tú no existieses? ¿Estás completamente seguro, o es una creencia? La verdad comienza donde el sufrimiento acaba. El sufrimiento es síntoma de inconsciencia. Liberarnos del sufrimiento es una necesidad de higiene, de libertad, de ecología y, más que eso, representa el comienzo de la vida. Del mismo modo en que vas a comprobar que tu sufrimiento procede de tu inconsciencia, tal vez todo el sufrimiento que observas en el mundo sea resultado de la inconsciencia colectiva. ¿Te parece esa una razón suficiente para liberarte tú de la inconsciencia? ¿Quieres resolver tu sufrimiento? ¿Quieres resolver tu inconsciencia?
Al finalizar este libro, sabrás cómo salir de cualquier tipo de sufrimiento, y podrás hacerlo. Seguro que puedes encontrar infinitas razones, absolutamente fundamentadas, que justifican el sufrimiento. ¿Puedes hacer una lista con todas ellas?
(Del libro 'TRANSFORMACIÓN. De la mente a la Consciencia', de próxima aparición).
Se atribuye a Buda el aforismo que dice: “El dolor es necesario; el sufrimiento es opcional”. Parece distinguir entre el dolor (físico) y el sufrimiento (emocional). El primero sería inevitable, pero no así el segundo. Seguramente, Buda jamás dijo eso: la EC demuestra que el dolor también es ‘opcional’. A Jesús se le atribuye la frase “La verdad os hará libres” (Juan 8, 32). Eso sí que lo demuestra al pie de la letra la Exploración de Consciencia.
Tenemos miedo porque permanecemos inconscientes, y a veces permanecemos inconscientes porque tenemos miedo de hacernos conscientes. Rompe la cadena cuando quieras. Es posible que descubras que siempre has jugado a creer, en el fondo más profundo, que no vales nada. ¿Qué ocurriría si dejases de jugar y descubrieses que eres imprescindible?
¿Estás seguro de que el mundo seguiría existiendo si tú no existieses? ¿Estás completamente seguro, o es una creencia? La verdad comienza donde el sufrimiento acaba. El sufrimiento es síntoma de inconsciencia. Liberarnos del sufrimiento es una necesidad de higiene, de libertad, de ecología y, más que eso, representa el comienzo de la vida. Del mismo modo en que vas a comprobar que tu sufrimiento procede de tu inconsciencia, tal vez todo el sufrimiento que observas en el mundo sea resultado de la inconsciencia colectiva. ¿Te parece esa una razón suficiente para liberarte tú de la inconsciencia? ¿Quieres resolver tu sufrimiento? ¿Quieres resolver tu inconsciencia?
Al finalizar este libro, sabrás cómo salir de cualquier tipo de sufrimiento, y podrás hacerlo. Seguro que puedes encontrar infinitas razones, absolutamente fundamentadas, que justifican el sufrimiento. ¿Puedes hacer una lista con todas ellas?
(Del libro 'TRANSFORMACIÓN. De la mente a la Consciencia', de próxima aparición).
miércoles, 27 de enero de 2010
Condenado a mente
Se cuenta que el siguiente experimento le fue propuesto a un condenado a muerte a cambio de que, si sobrevivía, no sería ejecutado:
Lo situaron en una cama alta de hospital, y lo ataron para que no se moviese. Le hicieron un pequeño corte en el pulso. Debajo del mismo pusieron un recipiente de aluminio, y le dijeron que allí oiría gotear su sangre. El corte fue lo bastante superficial como para que no tocase ninguna arteria ni vena, pero sí suficiente para que él lo sintiera.
Sin que él lo supiera, debajo de la cama colocaron un tarro de suero con una válvula y un gotero, para que él creyera que era su sangre lo que goteaba, haciendo el ruido característico. La válvula iba siendo cerrada progresivamente, para que cada vez el goteo fuera más pausado. Al tiempo que esto ocurría, el individuo reaccionaba palideciendo. Finalmente la válvula fue cerrada por completo, y el sujeto experimentó un paro cardiaco. Falleció. Sin haber perdido realmente ni una gota de su sangre.
Todos estamos condenados a mente. Y tal vez todos podemos dejar de estarlo.
(Del libro 'TRANSFORMACIÓN. De la mente a la Consciencia', de próxima aparición).
Lo situaron en una cama alta de hospital, y lo ataron para que no se moviese. Le hicieron un pequeño corte en el pulso. Debajo del mismo pusieron un recipiente de aluminio, y le dijeron que allí oiría gotear su sangre. El corte fue lo bastante superficial como para que no tocase ninguna arteria ni vena, pero sí suficiente para que él lo sintiera.
Sin que él lo supiera, debajo de la cama colocaron un tarro de suero con una válvula y un gotero, para que él creyera que era su sangre lo que goteaba, haciendo el ruido característico. La válvula iba siendo cerrada progresivamente, para que cada vez el goteo fuera más pausado. Al tiempo que esto ocurría, el individuo reaccionaba palideciendo. Finalmente la válvula fue cerrada por completo, y el sujeto experimentó un paro cardiaco. Falleció. Sin haber perdido realmente ni una gota de su sangre.
Todos estamos condenados a mente. Y tal vez todos podemos dejar de estarlo.
(Del libro 'TRANSFORMACIÓN. De la mente a la Consciencia', de próxima aparición).
jueves, 31 de diciembre de 2009
Gracias, Exploradores
Gracias a todos aquellos que, desde tantas partes del mundo, habéis participado este año en la aventura del autodescubrimiento.
Gracias particularmente a los que habéis escrito, a los que nos habéis enriquecido con vuestras preguntas, dudas y desafíos. Gracias a los que habéis desconfiado, por habernos puesto a prueba y obligarnos a superarnos, a seguir despertando. Gracias a todos los que nos habéis hecho de espejo.
El puente del tiempo que representa el paso de un año a otro, nos pilla embarcados de lleno en el que, si Dios quiere, será nuestro nuevo libro, más que nunca de todos. Los recientes descubrimientos tienen un alcance mucho mayor que los anteriores. La información que recibimos debe ser correctamente compartida, en la medida en la que podamos, lo cual comporta un proceso de asimilación que no se lleva bien con la impaciencia y con el precipitado entusiasmo.
Si en el pasado hemos dado pasos decisivos, los que ya se entrevén y anuncian nos llevarán infinitamente más lejos. Y si me pregunto hacia dónde, mi mente no encuentra respuesta, pero mi corazón, que habla con imágenes, me dice que mire más allá de las estrellas.
Un abrazo eterno a los Exploradores, de los que siempre se dijo que caminaban solos o en pareja. La soledad real no existe. Sólo existe, realmente, el Universo.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Transformación
Se dice que el único milagro que Buda reconocía como tal es la transformación de la consciencia. Justo de eso trata este libro. Aquí vas a encontrar un camino para ir descubriendo qué eres. No lo que te han contado ni lo que hasta ahora has creído que eres, sino lo que realmente eres. Sólo tú puedes hacerlo. ¿Te atreves?
“Nada es real hasta que se experimenta”, decía John Keats. Lo que aquí se expone no será real para ti mientras no lo experimentes. Porque además se te promete, como tantas veces, un método eficaz para que te liberes del sufrimiento. Aquí no hay técnicas de autoayuda, sino el inicio del viaje más importante de tu vida. No va a quedar piedra sobre piedra. Lo que se te ofrece es un verdadero renacimiento.
La Exploración de Consciencia demuestra que el sufrimiento no conduce a la verdad. El sufrimiento, como podrás comprobar, es un velo con el que nos apartamos de la verdad. El sufrimiento es síntoma de inconsciencia. La Exploración de Consciencia demuestra que sólo la liberación del sufrimiento (inconsciencia) conduce a la verdad. Todo lo que se diga desde el sufrimiento no es cierto. Vas a vivir, si quieres, un viaje desde el sufrimiento hasta la consciencia.
Todas las razones que crees que tienes para sufrir son posibilidades para ampliar tu consciencia. Sólo tienes que explorarlas. Vas a aprender un método, la Exploración de Consciencia (EC) para hacerlo.
Descubrir qué eres… “Vendrá un tiempo en el que uno tendrá que olvidar todo lo que ha aprendido”, dice Ramana Maharshi. Así es. Prepárate para una sorpresa permanente, para la mayor transformación de tu vida. No creas nada que no experimentes y, aún así, cuestiona siempre incluso lo que experimentes. Si lo haces de esta manera no tendrás nada que perder, sólo la mentira. Y tienes mucho que ganar: a ti mismo. Vas a verlo.
Aunque el método que te proponemos es nuevo, el resultado no lo es, o no lo es del todo. Por ejemplo, según Freke y Gandy, los primeros cristianos (completamente distintos, según su versión, de lo que nos habían contado) transformaban la vida en una exploración de la consciencia. Dicen: "La buena nueva consiste en que hay una manera de trascender el sufrimiento. La buena nueva se basa en que existe un estado natural de alegría que nos pertenece por nacimiento. Éste es el evangelio de la libertad absoluta. No es un conjunto de reglas que hemos de seguir para ser 'buenos'. Habla de descubrir nuestra naturaleza esencial, que ya es buena, para vivir con espontaneidad. Este evangelio ofrece la extraordinaria promesa de que quienes lo entiendan 'no probarán la muerte'. Sin embargo, la inmortalidad no consiste en acceder al cielo como recompensa por haber llevado una vida recta, sino en darse cuenta de inmediato, aquí y ahora, de cuál es nuestra verdadera identidad, que nunca nació y que, por lo tanto, nunca podrá morir" (1).
Y eso, que tú mismo vas a experimentar si quieres, tiene raíces mucho más lejanas y antiguas.
En efecto, lo que aquí puedes aprender es a explorar la consciencia, y uno de los resultados es el que tan precisamente describen. Pero hay más. Jung creía que toda la historia de la humanidad podría reconstruirse a partir del inconsciente de cualquier hombre. Yo no sé si tienes interés en conocer la historia de la humanidad, pero sí sé que la EC te va a llevar a conocer tu verdadera historia -escrita ya en otra dimensión de ti mismo, a la que vas a tener acceso-, y que no tiene nada que ver con la historia que hasta ahora te has contado y has jugado a creerte.
Al parecer, en la experiencia espiritual de hace más de dos milenios ya se distinguía a tres tipos de personas, según aquello con lo que se identificaban: los hylicos, que se identificaban con el cuerpo; los psíquicos, que se identificaban con la mente; y los pneumáticos, que se identificaban con la consciencia (espíritu). Cuerpo, mente y consciencia.
La transformación que vas a vivir con la EC no te va a llevar a enajenarte del cuerpo y de la mente para identificarte solamente con la consciencia. La transformación va a devolverte la experiencia de que todo es CONSCIENCIA. Y esa experiencia es el final de la hipnosis.
La CONSCIENCIA es la experiencia de la vida, impersonal e infinita. No hay límites. No hay muerte. ¿Te atreves a verlo? Los límites y la muerte son parte de la hipnosis. Tú eres la CONSCIENCIA.
Se exige un punto de valentía. No importa si tienes miedo. En realidad, somos valientes porque tenemos miedo. No es cierto que la libertad sea la mayor aspiración de cualquier ser humano. Parece que a la inmensa mayoría no le interesa en absoluto la libertad, aunque tal vez no sea tu tarea cambiar el mundo: tratando de cambiar el mundo, quizás tú no cambias; cambiando tú, cambia radicalmente el mundo. Tu transformación transforma el mundo.
Se suele decir que la depresión profunda es el mayor sufrimiento que puede experimentar un ser humano. El que fui yo vivió depresiones crónicas durante más de treinta años, con cuatro estallidos al límite, acompañados de variantes y secuelas, y una insoportable latencia el resto del tiempo.
Tras la remisión de la última y paralizado por el pánico a otra recaída, decidió dedicar el cien por ciento de su vida a averiguar qué era lo que ocurría, y por fin comenzó a encontrarlo.
Desde entonces los síntomas desaparecieron, a pesar de que ha tenido delante situaciones de estrés extremo. Y, lo que es muchísimo más importante, su vida ha pasado de resultarle un calvario a convertirse en una apasionante experiencia de crecimiento consciente e incesante, un continuo autodescubrimiento.
La herramienta que utilizo se llama, ya lo sabes, Exploración de Consciencia (EC). Sobre ella escribí un libro (2). Al principio me sorprendía lo fácil que resultaba liberarse efectivamente del sufrimiento. Después me sorprendió -y aún me sorprende- que sean tan pocos quienes quieren liberarse. Descubrí que en otros tiempos y en otros lugares hubo seres que, como yo, sabían que el sufrimiento es mentira. Quiero encontrar a quienes, en este mundo y en este momento, también lo sepan y resuenen con lo que ahora escribo. Sólo tenemos acceso a la verdad cuando trascendemos el velo del sufrimiento. Y la verdad, ¿tú lo sabes?, es lo único que nos hace libres.
Un explorador nunca acepta nada que no pueda comprobar por sí mismo. Esto es lo que hemos descubierto nosotros.
(Del libro 'TRANSFORMACIÓN. De la mente a la Consciencia', de próxima aparición).
“Nada es real hasta que se experimenta”, decía John Keats. Lo que aquí se expone no será real para ti mientras no lo experimentes. Porque además se te promete, como tantas veces, un método eficaz para que te liberes del sufrimiento. Aquí no hay técnicas de autoayuda, sino el inicio del viaje más importante de tu vida. No va a quedar piedra sobre piedra. Lo que se te ofrece es un verdadero renacimiento.
La Exploración de Consciencia demuestra que el sufrimiento no conduce a la verdad. El sufrimiento, como podrás comprobar, es un velo con el que nos apartamos de la verdad. El sufrimiento es síntoma de inconsciencia. La Exploración de Consciencia demuestra que sólo la liberación del sufrimiento (inconsciencia) conduce a la verdad. Todo lo que se diga desde el sufrimiento no es cierto. Vas a vivir, si quieres, un viaje desde el sufrimiento hasta la consciencia.
Todas las razones que crees que tienes para sufrir son posibilidades para ampliar tu consciencia. Sólo tienes que explorarlas. Vas a aprender un método, la Exploración de Consciencia (EC) para hacerlo.
Descubrir qué eres… “Vendrá un tiempo en el que uno tendrá que olvidar todo lo que ha aprendido”, dice Ramana Maharshi. Así es. Prepárate para una sorpresa permanente, para la mayor transformación de tu vida. No creas nada que no experimentes y, aún así, cuestiona siempre incluso lo que experimentes. Si lo haces de esta manera no tendrás nada que perder, sólo la mentira. Y tienes mucho que ganar: a ti mismo. Vas a verlo.
Aunque el método que te proponemos es nuevo, el resultado no lo es, o no lo es del todo. Por ejemplo, según Freke y Gandy, los primeros cristianos (completamente distintos, según su versión, de lo que nos habían contado) transformaban la vida en una exploración de la consciencia. Dicen: "La buena nueva consiste en que hay una manera de trascender el sufrimiento. La buena nueva se basa en que existe un estado natural de alegría que nos pertenece por nacimiento. Éste es el evangelio de la libertad absoluta. No es un conjunto de reglas que hemos de seguir para ser 'buenos'. Habla de descubrir nuestra naturaleza esencial, que ya es buena, para vivir con espontaneidad. Este evangelio ofrece la extraordinaria promesa de que quienes lo entiendan 'no probarán la muerte'. Sin embargo, la inmortalidad no consiste en acceder al cielo como recompensa por haber llevado una vida recta, sino en darse cuenta de inmediato, aquí y ahora, de cuál es nuestra verdadera identidad, que nunca nació y que, por lo tanto, nunca podrá morir" (1).
Y eso, que tú mismo vas a experimentar si quieres, tiene raíces mucho más lejanas y antiguas.
En efecto, lo que aquí puedes aprender es a explorar la consciencia, y uno de los resultados es el que tan precisamente describen. Pero hay más. Jung creía que toda la historia de la humanidad podría reconstruirse a partir del inconsciente de cualquier hombre. Yo no sé si tienes interés en conocer la historia de la humanidad, pero sí sé que la EC te va a llevar a conocer tu verdadera historia -escrita ya en otra dimensión de ti mismo, a la que vas a tener acceso-, y que no tiene nada que ver con la historia que hasta ahora te has contado y has jugado a creerte.
Al parecer, en la experiencia espiritual de hace más de dos milenios ya se distinguía a tres tipos de personas, según aquello con lo que se identificaban: los hylicos, que se identificaban con el cuerpo; los psíquicos, que se identificaban con la mente; y los pneumáticos, que se identificaban con la consciencia (espíritu). Cuerpo, mente y consciencia.
La transformación que vas a vivir con la EC no te va a llevar a enajenarte del cuerpo y de la mente para identificarte solamente con la consciencia. La transformación va a devolverte la experiencia de que todo es CONSCIENCIA. Y esa experiencia es el final de la hipnosis.
La CONSCIENCIA es la experiencia de la vida, impersonal e infinita. No hay límites. No hay muerte. ¿Te atreves a verlo? Los límites y la muerte son parte de la hipnosis. Tú eres la CONSCIENCIA.
Se exige un punto de valentía. No importa si tienes miedo. En realidad, somos valientes porque tenemos miedo. No es cierto que la libertad sea la mayor aspiración de cualquier ser humano. Parece que a la inmensa mayoría no le interesa en absoluto la libertad, aunque tal vez no sea tu tarea cambiar el mundo: tratando de cambiar el mundo, quizás tú no cambias; cambiando tú, cambia radicalmente el mundo. Tu transformación transforma el mundo.
Se suele decir que la depresión profunda es el mayor sufrimiento que puede experimentar un ser humano. El que fui yo vivió depresiones crónicas durante más de treinta años, con cuatro estallidos al límite, acompañados de variantes y secuelas, y una insoportable latencia el resto del tiempo.
Tras la remisión de la última y paralizado por el pánico a otra recaída, decidió dedicar el cien por ciento de su vida a averiguar qué era lo que ocurría, y por fin comenzó a encontrarlo.
Desde entonces los síntomas desaparecieron, a pesar de que ha tenido delante situaciones de estrés extremo. Y, lo que es muchísimo más importante, su vida ha pasado de resultarle un calvario a convertirse en una apasionante experiencia de crecimiento consciente e incesante, un continuo autodescubrimiento.
La herramienta que utilizo se llama, ya lo sabes, Exploración de Consciencia (EC). Sobre ella escribí un libro (2). Al principio me sorprendía lo fácil que resultaba liberarse efectivamente del sufrimiento. Después me sorprendió -y aún me sorprende- que sean tan pocos quienes quieren liberarse. Descubrí que en otros tiempos y en otros lugares hubo seres que, como yo, sabían que el sufrimiento es mentira. Quiero encontrar a quienes, en este mundo y en este momento, también lo sepan y resuenen con lo que ahora escribo. Sólo tenemos acceso a la verdad cuando trascendemos el velo del sufrimiento. Y la verdad, ¿tú lo sabes?, es lo único que nos hace libres.
Un explorador nunca acepta nada que no pueda comprobar por sí mismo. Esto es lo que hemos descubierto nosotros.
(Del libro 'TRANSFORMACIÓN. De la mente a la Consciencia', de próxima aparición).
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Realidad y pensamiento
Cuando la realidad y nuestro pensamiento no coinciden, culpamos a la realidad de equivocarse. ‘Esto está mal’, decimos, y sufrimos por ello. Pero cuando la realidad y nuestro pensamiento no coinciden, sólo nuestro pensamiento puede equivocarse. La realidad no tiene la facultad de equivocarse. La realidad es lo que es. Simplemente.
Cuando decimos que algo ‘está mal’, estamos emitiendo un juicio. Estamos juzgando a la realidad, que no tiene la facultad de equivocarse. Y cada vez que juzgamos, consciente o inconscientemente, sufrimos.
¿No nos estaremos equivocando nosotros? ¿Seguro que las cosas deberían ser de otro modo?
Dejar de juzgar no es fácil. Además, considerar que debemos dejar de juzgar, también es un juicio. Como quienes se dicen budistas y se pasan la vida deseando no desear. Juzgar es lo que hemos aprendido, y seguro que encontramos mil motivos para seguir juzgando. ¿Acaso tenemos que aceptarlo todo? ‘No podemos aceptar lo inaceptable’.
Para dejar de juzgar no basta con la intención de hacerlo. Es necesario comprender el juicio. Cuando exploramos, trascendemos el juicio.
Cuando decimos que algo ‘está mal’, estamos emitiendo un juicio. Estamos juzgando a la realidad, que no tiene la facultad de equivocarse. Y cada vez que juzgamos, consciente o inconscientemente, sufrimos.
¿No nos estaremos equivocando nosotros? ¿Seguro que las cosas deberían ser de otro modo?
Dejar de juzgar no es fácil. Además, considerar que debemos dejar de juzgar, también es un juicio. Como quienes se dicen budistas y se pasan la vida deseando no desear. Juzgar es lo que hemos aprendido, y seguro que encontramos mil motivos para seguir juzgando. ¿Acaso tenemos que aceptarlo todo? ‘No podemos aceptar lo inaceptable’.
Para dejar de juzgar no basta con la intención de hacerlo. Es necesario comprender el juicio. Cuando exploramos, trascendemos el juicio.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Razones para seguir sufriendo
El primer mandamiento de nuestra cultura dice: ‘Amarás el sufrimiento sobre todas las cosas’. Y el segundo: ‘Huirás del sufrimiento por todos los medios que conozcas’.
Se cuenta que un prestigioso oncólogo, con un historial de éxitos muy superior al de todos sus colegas, recibe en una gran sala a los cientos de pacientes que le solicitan una consulta. Él, enfrente de todos ellos, les dice: “A todos los que de entre ustedes no estén dispuestos a hacerse responsables de su enfermedad, les pido por favor que abandonen la sala”. En ese momento, la inmensa mayoría se levanta y se marcha.
Pues sí. Si eres de los que esperan que alguien venga a arreglar tus problemas, este camino no es para ti, o no lo es de momento. Si le haces frente al sufrimiento, si comienzas a eliminarlo efectivamente de tu vida, seguramente te sorprendas cuando compruebes que casi nadie sigue ese camino. ¿Acaso debería ser de otra manera? ¿De verdad crees todavía que todos somos iguales? Si todos fuésemos iguales, no habría nadie imprescindible. Y todos somos imprescindibles, aunque nadie es igual a nadie, ni nadie tiene por qué seguir tu camino.
Hasta ahora me he encontrado, aparentemente, con tres tipos de cuerpos:
- Aquéllos que de ningún modo aceptan el sufrimiento; quienes, de alguna manera, intuyen o reconocen dentro de sí que algo falla, que el sufrimiento esconde una mentira, que no es la verdad última. Para ellos, la EC (Exploración de Consciencia) puede ser una herramienta perfecta.
- La inmensa mayoría, que parece adorar el sufrimiento.
- Los que a veces quieren liberarse, y a veces prefieren seguir sufriendo.
A los adoradores del sufrimiento no tengo nada que decirles. Jamás leerán este libro. A los dudosos tal vez les sirvan algunas exploraciones puntuales para ayudarles a definirse, si quieren hacerlo:
- ‘Si sufro yo, otros sufren menos’.
- ‘Soy culpable’.
- ‘La verdad me hizo daño’.
- ‘Sufrir es útil’.
- ‘Sufriendo conseguí lo que quería’.
- ‘El sufrimiento me motiva’.
- ‘Sin sufrimiento no hay aprendizaje’.
- ‘Sufriendo, aprendo’.
- ‘¿Qué ocurriría si descubriese que soy libre?’
- ‘Sufrir es lo normal’.
- ‘Dejar de sufrir’.
- ‘¿Quién sería yo sin el sufrimiento?’.
- ‘Más vale malo por conocido, que bueno por conocer’.
- ‘La realidad es sufrimiento’.
- ‘Soy superior porque sufro’.
A lo largo de este libro vas a encontrar afirmaciones con las que tal vez te enfades mucho, o muchísimo. Toma nota de todas ellas. El enfado es una forma de sufrimiento. Más adelante las exploraremos.
He encontrado que éstos son argumentos muy repetidos para mantenerse en el sufrimiento:
- La ‘compasión’. ¿Necesitas sufrir para ser solidario? ¿Acaso disminuye el sufrimiento que hay en el mundo cuando le añades el tuyo? ¿O más bien aumenta? ¿Se endereza un árbol torciéndose otro árbol, o es justo al revés como ocurre? ¿Es verdad que, sufriendo tú, otros sufren menos? ¿No te parece más bien que todo esto no es sino un escondite de la culpa? ¿De verdad se resuelve la culpa sufriendo, o simplemente se trata de una falsa justificación, que nos llena de resentimiento?
- La culpa y el castigo. Hay quienes parecen sentirse culpables y estar convencidos de que no merecen dejar de sufrir. Merecen, creen, el castigo, que es el sufrimiento. Por lo tanto, rechazan la posibilidad de liberarse del mismo.
- El miedo a la verdad. Otros parecen pensar que conocer la verdad les hará daño. Creen que en sus vidas hay algo lo suficientemente terrible como para preferir la muerte (el sufrimiento) antes que enfrentarlo. Tal vez haya un trasfondo de culpabilidad también en esto. La EC demuestra justamente lo contrario: conocer la verdad es lo único que libera. Decía Bertrand Russell que “el miedo es el principal enemigo del conocimiento”. Y Eric Pearl señala que “lo contrario del amor no es el odio; lo contrario del amor es el miedo”.
- Todos tenemos la experiencia de que el sufrimiento, como la mentira, es útil: sirve para manipular a los demás. El narcisismo es el extremo máximo de esta actitud. Desde luego, tienen razón. Podemos elegir quedarnos (pájaro en mano) con lo que conseguimos fingiendo sufrimiento, en lugar de lo que eventualmente conseguiríamos por la vía del autodescubrimiento (¿ciento volando?). Pesa más la satisfacción por lo que ya se tiene experiencia de conseguir mediante la ficción del sufrimiento, que puede llegar a ser muy creíble, incluso para uno mismo -el embustero acaba mintiéndose incluso a sí mismo-, que la posibilidad de la nueva vida, que en el fondo ni siquiera conocemos. La mayoría, pues, parece que ni se plantea la posibilidad de liberarse del sufrimiento: liberarse, ¿para qué? Además, si ni siquiera me siento esclavo...
Un documental sobre un orfanato chino mostraba a unos bebés en condiciones que podrían considerarse de desatención. Era muy llamativo que ninguno de ellos lloraba. ¿Por qué? Porque habían aprendido que llorar no les servía de nada. Con el llanto reclamamos lo que necesitamos, pero también lo que queremos. Mucho antes de aprender a hablar, casi todos nosotros hemos aprendido a mentir, a fingir lo que después se interpretará como malestar, no sólo para reclamar necesidades, sino también para conseguir aquello que queremos. El uso del sufrimiento como recurso para manipular a otros es uno de nuestros aprendizajes primeros. Seguro que conoces a gente que te cuenta sus desgracias llena de ‘alegría’. ¿Para qué querrían esas personas liberarse del sufrimiento? ¿Qué sería de ellas? ¿De qué hablarían? ¿Qué sería de sus vidas?
Aprendemos antes la utilidad de la mentira que el valor de la verdad. Con la EC comprobarás que el sufrimiento es síntoma de inconsciencia. Mantenerse en el sufrimiento es mantenerse en la inconsciencia. Tú decides.
- Otro argumento, muy común, a favor de la utilidad del sufrimiento, es su supuesta capacidad motivadora. ‘Sufrir es lo que nos motiva. Si no sufriésemos, no nos moveríamos’. ¿Nunca te has sentido motivado por amor? ¿Qué motivación es más fuerte? ¿Cuál eliges? Sufrir no nos motiva. Sufrir nos confunde. ¿Verdad que lo sabes?
- ‘Sufrir es el medio para aprender. Sin sufrimiento no hay aprendizaje’. ¿No has aprendido nunca por placer? ¿Prefieres aprender por placer o por sufrimiento?
- El miedo a la libertad. De él ya hablaron Eric Fromm (‘El miedo a la libertad’) y Erica Jong (‘Miedo a volar’) entre tantos otros. Miedo, miedo, miedo… siempre miedo. ¿Acaso hay finalmente dos tipos de personas, los valientes y los cobardes? Probablemente así no sea. Como decíamos antes, somos valientes porque tenemos miedo. El valor es una reacción al miedo. Nadie, pues, es despreciable. Nadie vale menos.
- También está la fuerza de la creencia, el poder de la hipnosis o la costumbre. El sufrimiento es lo que conocemos. Se dice que nada es tan difícil de cambiar como una costumbre o creencia. Toda nuestra vida hemos creído que sufrir es lo normal. Ésa es la creencia dominante. Si no te das la oportunidad de verificarla (y para verificarla tienes que cuestionarla), nunca comprobarás que es falsa. Y puede resultar más cómodo permanecer dentro del grupo mayoritario (los que creen que el sufrimiento es necesario), que con esa escasa minoría que transforma el mundo (en este caso, transformándose a sí mismos). Es más, incluso si comienzas a comprobar que esa creencia es falsa, aplicarla a diario a tu vida puede encontrar la resistencia de no querer separarte de la mayoría, de los que hasta ahora han sido tus prójimos. ¿Quieres ser un hipnotizado más, o prefieres vivir despierto? Si te atreves a comprobar que el sufrimiento esconde siempre una mentira, inconsciencia, te encontrarás con que tienes una experiencia personal enfrentada a una creencia colectiva. Y entre la experiencia (realidad) y la creencia (teoría), solemos adherirnos a la creencia. Cuando lo que creemos no coincide con lo que experimentamos, como antes vimos, decimos que la realidad se equivoca, no que nosotros nos equivocamos. Pero la realidad, por supuesto, no tiene la facultad de equivocarse. Sólo podemos equivocarnos nosotros.
- En un plano menos consciente puede estar la cuestión de la identidad. La pregunta ‘¿Quién sería yo sin el sufrimiento?’ tiene una respuesta evidente: yo. Sin embargo -y puedes comprobarlo si se la haces a la gente- suele causar un enorme desconcierto. ¿Por qué sucede esto? Casi todo el mundo cree que el sufrimiento forma parte esencial de su identidad, de lo que ellos creen que son. Creen, por tanto, que si dejasen de sufrir, dejarían de ser ellos. La verdad es todo lo contrario: sólo comenzamos a ser nosotros cuando nos liberamos del sufrimiento. También eso puedes comprobarlo.
- La seguridad de lo conocido. Nos sentimos más seguros con aquello que conocemos, y lo que conocemos es el sufrimiento. El cambio no procede muchas veces de un impulso consciente y voluntario, sino de haber llegado a un punto en que lo anterior se vuelve insoportable. Hemos ¿crecido? en la creencia de que ‘más vale malo por conocido, que bueno por conocer’.
- El disfraz del intelectual. Seguro que conoces a alguien que parece sentirse superior porque todos sus análisis de la realidad acaban en un pesimismo extremo. Finalmente, ‘todo es un desastre’, ‘la alegría es evasión, mentira’, ‘la realidad es sufrimiento’. Estas personas, o son sólo mente, o son simples farsantes. Si son sólo mente, están locos perdidos, con diagnóstico o sin diagnóstico. Si son simples farsantes, debajo del disfraz podrás descubrirlos.
- La identificación (positiva) con el sufrimiento: ‘Yo soy el ser que sufre, y soy superior por eso’. Si lo analizas, es un caso de locura extrema, pero ¿puedes ver que en nuestra cultura es todo un modelo?
¿Quieres dejar de sufrir? ¿Estas dispuesto a pagar el precio del autodescubrimiento? En la EC la liberación del sufrimiento comporta necesariamente el autodescubrimiento, porque más allá del sufrimiento lo único que queda eres tú mismo.
(Del libro 'TRANSFORMACIÓN. De la mente a la Consciencia', de próxima aparición).
Se cuenta que un prestigioso oncólogo, con un historial de éxitos muy superior al de todos sus colegas, recibe en una gran sala a los cientos de pacientes que le solicitan una consulta. Él, enfrente de todos ellos, les dice: “A todos los que de entre ustedes no estén dispuestos a hacerse responsables de su enfermedad, les pido por favor que abandonen la sala”. En ese momento, la inmensa mayoría se levanta y se marcha.
Pues sí. Si eres de los que esperan que alguien venga a arreglar tus problemas, este camino no es para ti, o no lo es de momento. Si le haces frente al sufrimiento, si comienzas a eliminarlo efectivamente de tu vida, seguramente te sorprendas cuando compruebes que casi nadie sigue ese camino. ¿Acaso debería ser de otra manera? ¿De verdad crees todavía que todos somos iguales? Si todos fuésemos iguales, no habría nadie imprescindible. Y todos somos imprescindibles, aunque nadie es igual a nadie, ni nadie tiene por qué seguir tu camino.
Hasta ahora me he encontrado, aparentemente, con tres tipos de cuerpos:
- Aquéllos que de ningún modo aceptan el sufrimiento; quienes, de alguna manera, intuyen o reconocen dentro de sí que algo falla, que el sufrimiento esconde una mentira, que no es la verdad última. Para ellos, la EC (Exploración de Consciencia) puede ser una herramienta perfecta.
- La inmensa mayoría, que parece adorar el sufrimiento.
- Los que a veces quieren liberarse, y a veces prefieren seguir sufriendo.
A los adoradores del sufrimiento no tengo nada que decirles. Jamás leerán este libro. A los dudosos tal vez les sirvan algunas exploraciones puntuales para ayudarles a definirse, si quieren hacerlo:
- ‘Si sufro yo, otros sufren menos’.
- ‘Soy culpable’.
- ‘La verdad me hizo daño’.
- ‘Sufrir es útil’.
- ‘Sufriendo conseguí lo que quería’.
- ‘El sufrimiento me motiva’.
- ‘Sin sufrimiento no hay aprendizaje’.
- ‘Sufriendo, aprendo’.
- ‘¿Qué ocurriría si descubriese que soy libre?’
- ‘Sufrir es lo normal’.
- ‘Dejar de sufrir’.
- ‘¿Quién sería yo sin el sufrimiento?’.
- ‘Más vale malo por conocido, que bueno por conocer’.
- ‘La realidad es sufrimiento’.
- ‘Soy superior porque sufro’.
A lo largo de este libro vas a encontrar afirmaciones con las que tal vez te enfades mucho, o muchísimo. Toma nota de todas ellas. El enfado es una forma de sufrimiento. Más adelante las exploraremos.
He encontrado que éstos son argumentos muy repetidos para mantenerse en el sufrimiento:
- La ‘compasión’. ¿Necesitas sufrir para ser solidario? ¿Acaso disminuye el sufrimiento que hay en el mundo cuando le añades el tuyo? ¿O más bien aumenta? ¿Se endereza un árbol torciéndose otro árbol, o es justo al revés como ocurre? ¿Es verdad que, sufriendo tú, otros sufren menos? ¿No te parece más bien que todo esto no es sino un escondite de la culpa? ¿De verdad se resuelve la culpa sufriendo, o simplemente se trata de una falsa justificación, que nos llena de resentimiento?
- La culpa y el castigo. Hay quienes parecen sentirse culpables y estar convencidos de que no merecen dejar de sufrir. Merecen, creen, el castigo, que es el sufrimiento. Por lo tanto, rechazan la posibilidad de liberarse del mismo.
- El miedo a la verdad. Otros parecen pensar que conocer la verdad les hará daño. Creen que en sus vidas hay algo lo suficientemente terrible como para preferir la muerte (el sufrimiento) antes que enfrentarlo. Tal vez haya un trasfondo de culpabilidad también en esto. La EC demuestra justamente lo contrario: conocer la verdad es lo único que libera. Decía Bertrand Russell que “el miedo es el principal enemigo del conocimiento”. Y Eric Pearl señala que “lo contrario del amor no es el odio; lo contrario del amor es el miedo”.
- Todos tenemos la experiencia de que el sufrimiento, como la mentira, es útil: sirve para manipular a los demás. El narcisismo es el extremo máximo de esta actitud. Desde luego, tienen razón. Podemos elegir quedarnos (pájaro en mano) con lo que conseguimos fingiendo sufrimiento, en lugar de lo que eventualmente conseguiríamos por la vía del autodescubrimiento (¿ciento volando?). Pesa más la satisfacción por lo que ya se tiene experiencia de conseguir mediante la ficción del sufrimiento, que puede llegar a ser muy creíble, incluso para uno mismo -el embustero acaba mintiéndose incluso a sí mismo-, que la posibilidad de la nueva vida, que en el fondo ni siquiera conocemos. La mayoría, pues, parece que ni se plantea la posibilidad de liberarse del sufrimiento: liberarse, ¿para qué? Además, si ni siquiera me siento esclavo...
Un documental sobre un orfanato chino mostraba a unos bebés en condiciones que podrían considerarse de desatención. Era muy llamativo que ninguno de ellos lloraba. ¿Por qué? Porque habían aprendido que llorar no les servía de nada. Con el llanto reclamamos lo que necesitamos, pero también lo que queremos. Mucho antes de aprender a hablar, casi todos nosotros hemos aprendido a mentir, a fingir lo que después se interpretará como malestar, no sólo para reclamar necesidades, sino también para conseguir aquello que queremos. El uso del sufrimiento como recurso para manipular a otros es uno de nuestros aprendizajes primeros. Seguro que conoces a gente que te cuenta sus desgracias llena de ‘alegría’. ¿Para qué querrían esas personas liberarse del sufrimiento? ¿Qué sería de ellas? ¿De qué hablarían? ¿Qué sería de sus vidas?
Aprendemos antes la utilidad de la mentira que el valor de la verdad. Con la EC comprobarás que el sufrimiento es síntoma de inconsciencia. Mantenerse en el sufrimiento es mantenerse en la inconsciencia. Tú decides.
- Otro argumento, muy común, a favor de la utilidad del sufrimiento, es su supuesta capacidad motivadora. ‘Sufrir es lo que nos motiva. Si no sufriésemos, no nos moveríamos’. ¿Nunca te has sentido motivado por amor? ¿Qué motivación es más fuerte? ¿Cuál eliges? Sufrir no nos motiva. Sufrir nos confunde. ¿Verdad que lo sabes?
- ‘Sufrir es el medio para aprender. Sin sufrimiento no hay aprendizaje’. ¿No has aprendido nunca por placer? ¿Prefieres aprender por placer o por sufrimiento?
- El miedo a la libertad. De él ya hablaron Eric Fromm (‘El miedo a la libertad’) y Erica Jong (‘Miedo a volar’) entre tantos otros. Miedo, miedo, miedo… siempre miedo. ¿Acaso hay finalmente dos tipos de personas, los valientes y los cobardes? Probablemente así no sea. Como decíamos antes, somos valientes porque tenemos miedo. El valor es una reacción al miedo. Nadie, pues, es despreciable. Nadie vale menos.
- También está la fuerza de la creencia, el poder de la hipnosis o la costumbre. El sufrimiento es lo que conocemos. Se dice que nada es tan difícil de cambiar como una costumbre o creencia. Toda nuestra vida hemos creído que sufrir es lo normal. Ésa es la creencia dominante. Si no te das la oportunidad de verificarla (y para verificarla tienes que cuestionarla), nunca comprobarás que es falsa. Y puede resultar más cómodo permanecer dentro del grupo mayoritario (los que creen que el sufrimiento es necesario), que con esa escasa minoría que transforma el mundo (en este caso, transformándose a sí mismos). Es más, incluso si comienzas a comprobar que esa creencia es falsa, aplicarla a diario a tu vida puede encontrar la resistencia de no querer separarte de la mayoría, de los que hasta ahora han sido tus prójimos. ¿Quieres ser un hipnotizado más, o prefieres vivir despierto? Si te atreves a comprobar que el sufrimiento esconde siempre una mentira, inconsciencia, te encontrarás con que tienes una experiencia personal enfrentada a una creencia colectiva. Y entre la experiencia (realidad) y la creencia (teoría), solemos adherirnos a la creencia. Cuando lo que creemos no coincide con lo que experimentamos, como antes vimos, decimos que la realidad se equivoca, no que nosotros nos equivocamos. Pero la realidad, por supuesto, no tiene la facultad de equivocarse. Sólo podemos equivocarnos nosotros.
- En un plano menos consciente puede estar la cuestión de la identidad. La pregunta ‘¿Quién sería yo sin el sufrimiento?’ tiene una respuesta evidente: yo. Sin embargo -y puedes comprobarlo si se la haces a la gente- suele causar un enorme desconcierto. ¿Por qué sucede esto? Casi todo el mundo cree que el sufrimiento forma parte esencial de su identidad, de lo que ellos creen que son. Creen, por tanto, que si dejasen de sufrir, dejarían de ser ellos. La verdad es todo lo contrario: sólo comenzamos a ser nosotros cuando nos liberamos del sufrimiento. También eso puedes comprobarlo.
- La seguridad de lo conocido. Nos sentimos más seguros con aquello que conocemos, y lo que conocemos es el sufrimiento. El cambio no procede muchas veces de un impulso consciente y voluntario, sino de haber llegado a un punto en que lo anterior se vuelve insoportable. Hemos ¿crecido? en la creencia de que ‘más vale malo por conocido, que bueno por conocer’.
- El disfraz del intelectual. Seguro que conoces a alguien que parece sentirse superior porque todos sus análisis de la realidad acaban en un pesimismo extremo. Finalmente, ‘todo es un desastre’, ‘la alegría es evasión, mentira’, ‘la realidad es sufrimiento’. Estas personas, o son sólo mente, o son simples farsantes. Si son sólo mente, están locos perdidos, con diagnóstico o sin diagnóstico. Si son simples farsantes, debajo del disfraz podrás descubrirlos.
- La identificación (positiva) con el sufrimiento: ‘Yo soy el ser que sufre, y soy superior por eso’. Si lo analizas, es un caso de locura extrema, pero ¿puedes ver que en nuestra cultura es todo un modelo?
¿Quieres dejar de sufrir? ¿Estas dispuesto a pagar el precio del autodescubrimiento? En la EC la liberación del sufrimiento comporta necesariamente el autodescubrimiento, porque más allá del sufrimiento lo único que queda eres tú mismo.
(Del libro 'TRANSFORMACIÓN. De la mente a la Consciencia', de próxima aparición).
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